• Galletas maría, a poder ser hojaldradas (sale más esponjosa). La cantidad dependerá de cuántas raciones queráis hacer. Un tubo, dos, tres…
  • Un vaso grande de leche.
  • Una copa de coñac, o cualquier licor que tengáis, incluso mezcla de licores.
  • Una tarrina de margarina.
  • Una tableta de chocolate de cobertura negro.

Untáis por el lado sin nombre las galletas con margarina, no mucha cantidad, pero que se note.

En una fuente honda y amplia, ponéis la leche con el licor. Vais metiendo las galletas una a una sobre el líquido y cuando estén un poco mojadas, que es pronto, les dais la vuelta para que se impregnen por los dos lados. Tened cuidado de que no se empapen demasiado, porque luego se pueden romper.

Las vais sacando y pegando una con otra, el lado que tiene mantequilla con el que no la tiene, sobre una fuente, por supuesto en horizontal,  hasta que se haga un tubo grande y empezáis con el siguiente.

Cuando ya estén bien formados, diluís el chocolate en un puchero con poca agua (si hace falta más, ya la añadiréis después) para que quede espeso y sin grumos. Lo dejáis enfriar un poco para que no deshaga las galletas y se lo vertéis por encima, despacito, y con cuidado de que los cubra por todos los lados.