Los podéis comer solos o acompañando a cualquier plato.  Guisados o en ensalada. Están buenos de todas las maneras. Son fáciles de hacer, pero hay que darles su punto.

Una medida buena es el tarro o lata de unos 300 gms. Para hacerlos de estas dos maneras es mejor que compréis los que ya están hechos tiras y si no, pues las hacéis vosotros.

En una sartén de 20 cms. de diámetro inferior, ponéis 4 cucharadas de aceite. Sofreís un diente de ajo a fuego muy lento y cuando esté caliente el aceite, pero no demasiado, añadís los pimientos (cuidado que saltan, tened una tapadera a mano), los revolvéis un poco y les añadís los tres pellizcos de sal. Seguís revolviendo de vez en cuando y que se vayan haciendo a fuego medio-bajo, para que no se peguen. Irá desapareciendo el líquido que sueltan y la salsilla quedará más aceitosa. Tarda como unos 15 minutos el proceso y ya están hechos.

Si los queréis fríos, sólo tenéis que ponerlos en un bol sin el líquido del tarro, les ponéis un poco de sal y un chorrito de aceite. Los revolvéis y los dejáis macerar una hora en el frigorífico. Para esta modalidad os recomiendo el tarro de Gutarra en tiras, son más caros, pero merece la pena.