Suena raro, pero por lo visto tiene mucho éxito.

  • Un kilo de lomo de cerdo (que os lo ate el carnicero).
  • Un litro de leche.
  • Una hora de cocción.
  • Sal.

En un puchero de 22×10 calentáis cuatro o cinco cucharadas de aceite. Ponedle sal al lomo y lo doráis por todos los lados, pero bien dorado. Lo hacéis a fuego fuertecito, para que se dore bien. Bajáis un poco el fuego y le ponéis el litro de leche. Subís el fuego y cuando empiece a hervir lo ajustáis para que haga borbotones la leche sin que se salga del puchero, siempre destapado. Así tendrá que estar una hora, pero a mitad de cocción, o sea a la media hora, le dais la vuelta para que se haga igual por el otro lado. La leche irá espesando y con una cuchara la vais revolviendo de vez en cuando y separando lo que se va pegando a los lados. Espero que os salga bien.

Lo dejáis enfriar y lo cortáis en ruedas más finas que un dedo. Lo volvéis a poner en la salsa de leche y os lo coméis mejor en dos o tres días. No sé dónde está el secreto, pero sabe mucho mejor. Lo que sobre lo podéis congelar; sale perfecto. No lo calentéis en el microondas, porque queda como cocido.