• 1 k. de tomates maduros y rojos. Para mí los mejores son los de rama, aunque también valen los de vela.
  • 1 pimiento verde grande.
  • 1 pepino mediano.
  • Un trozo de pan de miga.
  • Aceite, vinagre y sal.
  • 1 litro de agua.

Ponéis el trozo de pan a remojar en el agua durante un rato. Laváis bien los tomates y el pimiento y peláis el pepino. En un cuenco grande (conviene que sea de 3 litros, para que no os salpique cuando lo trituráis) troceáis bien el pimiento y el pepino y un poco menos pequeños los trozos de tomates (si queréis los podéis pelar, pero no merece la pena). Le ponéis 4 pellizcos de sal, unas 4 cucharadas de aceite y como 2 de vinagre, que siempre tendréis tiempo de añadir más si os hace falta. Añadís el agua, mejor no toda porque veréis cómo os va quedando de líquido y si lo queréis más suave, le añadís la miga del pan mojado. Lo trituráis muy bien con la minipimer y cuando ya esté bien pasado lo ponéis en otro cuenco con un colador grande encima, para volver a pasar la minipimer y que en el colador queden los restos de piel y pipas que suelten los tomates. Entonces veréis si hay que poner más agua, aceite, vinagre o sal. Al frigorífico para que esté bien frío y a disfrutarlo.